Narciso y goldmundo

Libro: Narciso y Goldmundo. Hermann Hesse. 1930

Termino de leer esta novela con una extraña melancolía. Hace rato una narración no me cautivaba tanto y me permitía viajar dentro de la naturaleza humana sin pretensiones ni premuras, sólo deslizándome suavemente entre los pensamientos y sentires de sus dos personajes principales:  Narciso y Goldmundo.

En esta preciosa y precisa obra, la vía del logos y la vía del eros se unen, se separan y se encuentran de nuevo en la íntima amistad entre estos dos hombres que cruzan sus destinos y narran sus caminos recorridos en los mundos del espíritu y de la naturaleza de los sentidos.  Una novela de una profunda reconciliación entre opuestos.

Carátula

Con una amplia capacidad descriptiva sobre la atmosfera de una vida monástica en contraste con una vida errante en busca de la belleza y el arte, el autor enmarca y acentúa las reflexiones sobre la libertad, la juventud, el espíritu, la naturaleza, la madre y el destino.

Recomiendo mucho su lectura para estos tiempos de encrucijadas y transcribo algunos de los pasajes que más me gustaron:

“Pasaban los años y parecía haber olvidado que en la tierra existiera otra cosa que el hambre y amor y aquella callada e inquietante prisa de las estaciones; parecía que se hubiese hundido por completo en el materno e instintivo mundo primitivo.  Más en cada sueño y en cada reposo meditativo con la mirada puesta en los valles que florecían y se marchitaban, era todo ojos, era artista, sufría una ansía torturante de evocar, por medio del espíritu, la placentera, fluctuante futilidad de la vida y transformarla en sentido”.  Goldmundo.

“Cuando un hombre procura realizarse, utilizando las dotes que le concedió la naturaleza, lleva a cabo lo más elevado y único realmente lleno de sentido de cuanto puede hacer. (…) Nosotros somos transitorios, cambiantes, somos posibilidades, para nosotros no existe la perfección, no somos seres completos.  Sin embargo, cuando pasamos de la potencia al acto, de la posibilidad a la realización, participamos del verdadero ser. Nos hacemos un poco más semejantes a lo perfecto y divino.  A esto es a lo que se llama “realizarse””. 

Narciso.

“Sin madre no es posible Amar, sin Madre no es posible Morir”.

Goldmundo

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