
Realmente no he dejado de pensar en ella desde que volví a ver algunas de sus obras en el Museo de Arte Moderno de Medellín.
Débora, una mujer a quien me hubiera gustado mucho entrevistar, a propósito de la creatividad en el universo femenino colombiano, antioqueño.
Son muchos los elementos importantes en su creación artística, pero hay uno que a mí me afectó en un sentido no sólo estético, sino también humano: el desnudo.

Débora desnuda en sus pinturas un cuerpo femenino que no es objeto, desnuda un cuerpo de mujer real, que para ese entonces, estaba tapado, vestido, oculto solapadamente incluso también por los pinceles de sus colegas contemporáneos. Y al desnudar el cuerpo femenino de esa forma tan íntima y honesta, desnuda también la realidad social, política y religiosa; muestra revelando en color y en formas mayúsculas el CUERPO de toda una época.
La Iglesia, La escuela, la Ciudad son espacios e instituciones de límites estrechos para la mirada retadora y sobre todo creativa de una mujer que pinta, que se mira y ve con ojos propios, ya no prestados ni condicionados. Mirada descarnada y encarnada al mismo tiempo. «Yo fui pintando lo que fui viendo», decía ella; y en esa vía, como la describen quienes han profundizado y estudiado su obra, fue una gran reportera de su tiempo y su entorno, sin malicia, mas sí con una enorme integridad artística.
A mí Débora me invita a salir del marco, a salir a la calle, a seguir habitando un cuerpo de mujer cada vez más despojado de velos, mantos, túnicas, hábitos y disfraces. Un cuerpo de mujer capaz de compartir la exuberancia del movimiento de la vida, los nacimientos, las muertes, los cambios físicos, el dolor. Pero fundamentalmente me incita a seguir desnudando con inteligencia, amor, honestidad y mucha creatividad las verdades que pueden continuar ocultas o peor aún, camufladas en artilugios de igualdad sobre los roles, lugares y rangos de acción de las mujeres desde lo psicológico hasta lo político.

Yo los invito a visitar el museo y ver la muestra, pero más que nada a salir a las calles de nuestra ciudad y ver lo que ella vió y pintó.
Diáfana la mirada de Débora.
ÁNGELA P. RAMÍREZ
